4 de agosto de 2009

Contar las risas.



Podría contar, si tuviese la paciencia necesaria, las canas que pueblan mi cabeza.


Me llevaría mucho menos contar los años que hacen que se han instalado en ella.


Aseguran que los disgustos tienen relación directa con su aparición.


En mi caso, la más joven en tener canas de toda la familia, no sé si habrá sido por eso.


Sé que puedo contar muchos momentos de disgusto, muchos ratos de malestar. Muchos momentos de llanto doloroso.


Pero prefiero contar los muchísimos instantes de sonrisa, las risas espontáneas de cualquier ocurrencia pronunciada en mi presencia o imaginada por mi mente o, si me apuro, cualquier lectura errada que convierte un titular o texto cualquiera en una auténtica burrada.


Podría parecer que estoy loca, si alguien me viese por un agujerito, cuando la torpeza de mis ojos enfocan inadecuadamente y veo cosas que no son realidad para los demás, sólo para la imagen distorsionada que mi caprichoso nervio óptico se empeña en enviar al cerebro; como ni yo misma me lo creo, en cuanto percibo el error, me troncho de risa sola.


Y puedo contar también, muchos momentos de risas jóvenes a mi alrededor en las que he participado, por ser lo que son, expresiones de felicidad; momentánea sí, pero felicidad.


Y los juegos, los juegos de risas multiplicadas con mis hijos en su infancia, la risa que me producían sus gestos, sus muecas; las risas compartidas de sus razonamientos, de sus ocurrencias, de sus despistes y de los míos, de sus anécdotas y chistes.


Evoco las risas que ellos han compartido con mi padre, con su abuela paterna, con su tía abuela, con sus tíos, con sus primos pequeños y con los de su edad, con sus amigos y con los vecinos.


Más risas que enfados, más diversión que tristeza


Cuento mis arrugas. Tengo más alrededor de los ojos y en las comisuras de los labios. Justo en los lugares donde la risa nos hace contraer los músculos.


Si en algún momento las lágrimas dejaron surcos en mi rostro, ya se han borrado, la piel, sabiamente, se ha regenerado. Porque sabe lo que nos conviene, lo que es más saludable para nuestro organismo. No hay nada que cure más que la risa auténtica, la que sale de dentro sin planificarla, sin pensarla, sólo dejándola fluir.


Cuento, también, con muchísimos momentos de lo que yo llamo risa interior.
Me refiero a todas las situaciones en la que estando a solas, uno se encuentra a gusto consigo mismo, con lo que está haciendo, con lo que ve, con lo que escucha, con lo que siente... y entonces fluye la risa interior.


Y me encanta contar todas las situaciones en las que las payasadas y ocurrencias propias o ajenas compartidas con mis amistades, con mi familia, me producen ratos inolvidables de risas alegres.


Todos contamos con tiempos duros, durísimos. Con luchas internas, con preocupaciones gigantescas. Pero si usamos la balanza vital y ponemos en cada plato los llantos y las risas, seguramente, si somos honrados, veremos que se inclina más hacia las risas.
Aunque hayamos llorado más que reído.
Es sencillo. Nuestra memoria es prodigiosa, mágica, nos hace recordar lo que nos permite seguir viviendo: la risa como manifestación de bienestar, de alegría.


Y como sigo viva y quiero seguir estándolo, apuesto por la risa, sólo quiero llorar de la risa.


Llantos los justos, risas, todas cuantas seamos capaces de producir.

4 comentarios:

  1. Tu risa me hace libre,
    me pone alas.
    Soledades me quita,
    cárcel me arranca.
    Boca que vuela,
    corazón que en tus labios
    relampaguea.

    Es tu risa la espada
    más victoriosa,
    vencedor de las flores
    y las alondras
    Rival del sol.
    Porvenir de mis huesos
    y de mi amor.
    (...)
    Nanas de la cebolla

    Entre tú y Miguel Hernández dejáis bien claro cuál es el valor de la vida. ¿Por qué otra cosa hemos de luchar si no? Espero que podamos volver a compartir carcajadas pronto. Un besazo.

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  2. Pues sí, bien es cierto que la VIDA está - con demasiada frecuencia - impregnada de llanto y no de risas.

    Chaplin decía que un día sin una sonrisa era un día perdido. Vayamos más allá y digamos que no basta con esbozar una sonrisa ¡ HAY QUE REÍR ! RUIDOSA Y ESPONTÁNEAMENTE... Y NO UNA SINO MUCHAS VECES.

    COMO TÚ BIEN DICES...¡¡¡¡ SEAMOS FÁBRICAS DE RISAS !!!!!!!!!!

    ME ENCANTA TY BLOG PERO ACTUALIZAS DEMASIADO POCO

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  3. ¡Joer! ¡No os apelotonéis, que a tantos comentaristas no consigo contestar! ¿Ha sido una sonrisa eso que habéis esbozado con los labios...? Suficiente regalo para mí. Gracias por vuestras aportaciones.
    Ali: Miguel Hernández, ¡qué poeta!
    Anónimo: Sé que soy plasta actualizando, lo siendo, pero es que paso mucho tiempo riéndome...
    Te haré caso por esta vez.

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  4. ¡¡¡¡Eso eso!!! Quítate de encima la pereza y a trabajar un poquito para regalarnos con tus escritos.

    ¡ HE DICHO!

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