Es como un torrente
de agua clara
precipitándose
resonando
en cada piedra,
saltando
cada obstáculo,
bañando
cada arbusto,
salpicando
cada helecho,
poblando
de murmullos
el silencio...
Es la risa
que brota
en la boca,
que se eleva
en la mirada,
que desciende
a los hombros
y se queda,
estentórea,
en el vientre
prendida.
Es la noche
preñada
de estrellas
deshaciéndose
en fulgores.
Es el beso que
en cada envite
arroja el mar
en cada ola
a la playa destinada,
para repetir,
enseguida,
una nueva,
retirada
y conseguir
el brío
para volver
a bañarla.
Es la fuerza
que empuja,
el motor
que impulsa,
el corazón
que late,
la sangre
que circula,
el olor
que envuelve
y la frescura
que renueva
la mirada
fatigada.
Es...
ya lo sabes...
la alegría de tu alma.