26 de julio de 2006

Pensamientos nocturnos.


Cuando de noche voy a tu cuarto,
pequeña,
te miro con ojos benévolos;
te miro
¿cómo no?
con ojos de madre.
Tu cara refleja
tanta paz
que...
apenas me atrevo
a respirar.
¿Dónde va la energía
que derrochas durante el día?
¿qué es de tu charla continua
a media lengua?
¿y tus gritos?
¿se han quedado flotando
en las partículas del aire
para devolverlos mañana
a tu garganta?

Mirando tu relajado rostro
me pregunto...
¿y hay quién se atreva
a abandonaros?

¿Quién despierta a los niños
del mundo?
¿quién es el culpable
de que muchos de ellos
no puedan apenas dormir?
¿quién hace que nazcan
seres que no posean,
no una cuna donde dormir,
sino tan siquiera un lugar
tranquilo donde permanecer?

Muchos niños no pueden,
no pueden dormir...
porque las bombas no
les dejan,
porque las metralletas
les aguardan,
porque el hambre
les hace una herida en el estómago,
porque su padre no está,
porque su madre no está,
porque no tienen un trozo de pan.

No, no son niños ya.

Antes de haber nacido,
la miseria y la destrucción
les rodea por doquier.

Antes de haber nacido
ya están condenados a sufrir.

Antes de aprender a andar,
han de saber luchar
por cosas tan imprescindibles
como respirar.

No saben que hay tratados.
No saben que hay derechos.
No saben que nacen,
supuestamente,
con una serie de privilegios.

Tampoco saben
a quién reclamar.

Tampoco saben
que no saben.

¿Quién vela por sus derechos?
¿Los que los han escrito?
¿Quién vela por su sueño?
¿Los que se atreven a despertarlos?
¿Quién accede a su vulnerabilidad,
a su fragilidad, a su indefensión
con total impugnidad?
¿En base a qué principios...?
¿A los de respuesta a ofensas?
¿A los de venganzas?
¿A los de odio irracional?
¿Quizás a los principios del poder?

Mientras tanto,
gastamos miles de toneladas de papel,
de tinta,
de energía,
que muestran este horror.

Mientras tanto,
se gastan millones de dólares,
o de euros,
o de libras,
en hacer reuniones
de los altos mandatarios,
de los grandes dirigentes,
de los supuestos mediadores,
de los grandes estrategas,
de los maravillosos oradores,
para tomar soluciones
que nada remedian.
Los niños siguen despertando,
pasando hambre,
padeciendo enfermedades,
quedando sin padres,
heridos de bombas,
o muertos sin más,
porque una bomba
los hizo volar.

¿Y... nosotros...?
¿Qué hacemos nosotros?
Los que no dirigimos,
los que no mandamos,
los que no hacemos discursos,
los que callamos...
¿Por qué callamos?
¿Realmente no mandamos?
¿Por qué no los mandamos,
a todos ellos,
a dirigir su casa
o su negocio,
y que se olviden de ensuciar más el mundo?
Tenemos todos
la facultad de hablar,
de pensar,
de decidir sobre lo que creemos
que está bien y lo que no lo está...
¿Por qué, entonces, callamos?
¿Por que no tomamos una decisión compartida
que acabe con tanta injusticia?

¿QUIÉN ES EL QUE SE ATREVE
A LOS NIÑOS IGNORAR?
¿QUIÉN ORDENA LAS BOMBAS
QUE LOS HAN DE DESPERTAR?
¿QUÉ MIERDA DE EGOÍSMO ES
EL QUE NOS HACE CALLAR...?

4 comentarios:

  1. Precioso, como todo lo que escribes. Cuánta ternura. Y cuántonos da que pensar.

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  2. Pues creo que poco se puede hacer: ¿quién de verdad se atreve a bajar de su tren de vida y a compartir la excasa manta que nos debería tapar a todos?.Sin un control de la natalidad lo que nos espera es matarnos por la tierra y el agua.

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  3. Ayyy esos niños cuando duermen... luego pasan los años pero cuando los miras de nuevo siempre descubres el bebé de entonces.
    Gracias por tu visita volveré también, ahora es tarde y te escribiré para contarte lo que me pides.
    Besos :)

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  4. Un poquito demagoga y sentimentalona.
    Por curiosidad, en qué trabajas?

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