22 de octubre de 2010

Deseos.

Deseó cubrir su cuerpo mojado de arena blanca y dejar que el viento la desprendiese lentamente, ir siendo poco a poco desgranada.
Deseó cubrir su cuerpo con traje de arena, entrar en el agua, y sentir cómo se hundían los granos en el mar.
Y ser grano de arena hundiéndose lentamente en el mar, caer suavemente sobre el fondo y ser mecida por las olas, a pequeños ímpetus, a caricias salitradas, y resbalar por la escurridiza superficie de las algas, empaparse de su olor fresco cuando el mar las baña.
 Y cuando el mar se enfureciera, salir del agua  montada en la cresta de la ola más alta, esa que todo lo cubre y estalla en espumas blancas, alcanzar de nuevo la playa y descansar un rato allí, acompañada. Formar parte del castillo que en su cubo voltea un niño, ser testigo de su alegría al conseguirlo, adherirse en su mejilla y salir pegada en su cara por saber cómo sería su regreso a casa.
Ser barrida del suelo por una escoba ya gastada o tal vez ahogada en el desagüe por un chorro de agua dulce, tan contraria a la salada.
Buscar un destino diferente para una arena de playa.
Sentir siendo minúscula pasiones inventadas. Lograr deslizarse envuelta en una lágrima. Depositarse sin prisa en la comisura deseada.
Subir en ala de gaviota y  sobrevolar la playa.

18 de octubre de 2010

Sueños intermitentes.




Estos días claros, templados y azules traen sueños a mis noches en donde apareces sin rostro, sin cuerpo,  dotado sólo de voz, de palabras. Establecemos diálogos interminables, pero no se quejan las gargantas, no se quiebran las voces, no hay cansancio. Despierto entre diálogos con tu voz resonando en mi cabeza. A trompicones me levanto hasta el cuarto de baño, doy traspiés hasta la cocina para llenar un vaso con agua. ¿Se me habrá resecado la garganta soñando tras largas horas de charla? Giro la cabeza, por si tu fantasma me acompaña. Pero no, no estás, no oigo ni el roce de una sábana al arrastrarse, ni el leve quejido de un alma. Miro por la ventana, semioscuridad y luz tenue de farolas alternadas en medio de algunas casas. Algún sonido lejano de algún animal nocturno que llama a la madrugada. La luna enseña sólo media cara, oculta su medio rostro  entre nubes azuleadas. Sospecho que se esconde por no mostrar su sonrisa ante mi idea descabellada. La luna lo sabe todo, nos espía encaramada; goza de aventajada postura para colarse por las ventanas y llegar hasta las camas, donde dormidos creemos que es nuestro lo que soñamos, lo que soñamos entre sábanas.

15 de octubre de 2010











"Las cosas más hermosas, ocurren en secreto y en privado".
                            La habitación de invitados. Helen Garner.                                                               .



Entre la bruma marina,
                     silenciosa y calladamente,
se coló tu voz ahogada
                     hasta mi puerta entornada.
¿Qué secretos me confiabas
                    entre crepitar de espumas
y aleteos de gaviotas
                   al susurrarme palabras?
¿Qué ansiedades sudorabas
                  en tu soñar de inmensidades
hasta sacudir el salitrado lastre
                  en la arena remojada?
Desnudaste lentamente
                  pedacitos diminutos
de tu alma renovada
                  dejándolos caer en las caracolas del agua.
Recogiste las huellas
                 de mis leves pisadas,
las acunaste en tus brazos
                hasta llegar el alba.
Dormidas,
               en la arena,
quedaron dos almas,
               la una de claridad,
la otra de esperanza.
               En el claro del día
se encontraron en la arena,
                dibujada,
la silueta  de un hombre
                con los brazos sosteniendo
las huellas de unas pisadas.

                No me preguntéis nunca
si fue realidad o sueño,
                pero sentí el vaivén
que adormecía mi credo.

5 de octubre de 2010

Poema disparatado.

A "Errehache", por si su pregunta fuese un disparate.


A veces se oyen
desde dentro,
como un eco.

A veces se huelen
en el aire,
como un perfume.

Y otras, sólo
se recuerdan
en los pensamientos
guardados en los poros
que la memoria
dejó indelebles
desde la niñez
desnuda de disimulo.

A veces regresan,
como las aves migratorias,
colgados de hilos
de telarañas,
suscitados
por la lene impresión
de un tacto,
por la mirada perdida
en el horizonte marino,
por la lluvia constante
contra el cristal empañado,
por el olor de la leña
al arder en la lumbre.

Y son míos,
y son tuyos,
y a veces están
y otras no.

Reflejan un cosmos
pequeño, individual;
conforman el ser,
diminuto, esencial.

Y la vida subyace
bajo el manto líquido
que nos envuelve
aunque no sepamos nadar.
Porque regresar
sería volver a empezar
desde antes de ser.

Entre  aire y agua
se filtra la luz,
su brillo deslumbra,
nos embauca;
y recordamos,
para vivir,
el momento de nacer.

7 de junio de 2010

Nada es sólo una palabra.

Y nada es igual, aunque lo parezca casi siempre. Lo cotidiano extiende su manto y nos aprisiona otorgando sensación de igualdad. Ni lo metódico es totalmente igual. Las palabras pensadas no son las mismas ahora que mañana, antes que después. Ni los sabores son los mismos aunque se desayune lo mismo cada día y se coma y se cene a la misma hora día tras día. El humor, la pereza, la actividad, la incomodidad, la tristeza, el deseo, la alegría... , no son iguales ayer y hoy y mañana.


Sin embargo el manto cotidiano se extiende y agarrota los músculos. Impasibles. Están envueltos en una rutina que nos empeñamos en disfrazar de igual.


Y nada a veces es todo. Todo lo que se nos agarrota en la garganta y quisiéramos expulsar. Todo lo que pensamos y no nos atrevemos a pronunciar. Todo aquello que nos dolió y aún, sutil y agazapadamente, se sacude con latigazos en nuestro interior.


NADA, decimos cuando se nos pregunta qué nos pasa.
TODO se acumula en NADA.
Ese NADA que no  podemos contar o este TODO que nos pertenece.


¡Cuánto se puede expresar con NADA, aunque sólo sea una palabra!

5 de abril de 2010

Despetar del letargo invernal...

Amanecímos a la par el día y yo,al alba,
con esa primeras luces tenues, rosadas,
azuleadas y silenciosas.





Breves minutos para tanta belleza.

Mis ojos despertaron captando el silencioso trayecto de la luz a través del algodón de nubes tintado en colores.


Y al mediodía, los pequeños algodones blancos que le sobraban a las nubes, se habían ido posando delicadamente sobre cada rama. ¡Ya estaba aquí! De nuevo mis ojos podían sentir cómo se colgaban los árboles cercanos sus livianas vestiduras, engalanados para la ocasión, antes de que el verde nuevo de las hojas quitase protagonismo a su blancura.



Hasta la roca albergó vida entre sus oquedades. ¿Es la roca un ser inerte ahora que se ha vuelto cómplice de la primavera?



 
Diminutas hojitas blancas que parecen colocarse a su antojo. Delicadas, perseverantes, ni la lluvia ni el viento logra abatirlas.
                                                 
                                                                     
                                                                                    ¡Y cómo no! Narciso abre su color, ese espectacular e intenso amarillo... y ese olor.


                                                                                                                                                                                          Y Y por último, llegó ella, la dama de la noche, como siempre tan blanca,
 tan misteriosa y hechizante; reverberando su luz en rincones secretos,
 bañando nuestros sueños de redondeces ansiadas y plenitudes añoradas.
 ¡Silencio!
 La dama blanca nos envuelve con su calma.
 ¡Dejémosla hacer!


3 de marzo de 2010


Mis primeros narcisos asoman su amarilla cabeza buscando el agua que les devuelva su imagen...

¡Son tan bellos! Pero estos no tienen agua en la que mirarse, no los he plantado al lado del estanque porque no lo tengo. Claro que siempre queda el recurso de ponerles un caldero para cumplirles el capricho. Mira que se lo dije, que no tenía estanque, que si salían, debían mirar hacia el cielo para que viesen el sol (ejem!, cuando le apetece presentarse); pero son muy tercos, siguen empeñados en mirar hacia el suelo. ¿Serán ciegos? No, no es posible, ellos insisten en ver su reflejo, a ser posible en cristalinas aguas. ¿Entonces....? ¿Serán sordos? No, no es probable, han oído los primeros sonidos de la tierra anunciando el momento de salir al escenario de la vida.

Pues me estoy quedando sin motivos. ¡Ah, ya! Es que son caprichosos, como niños consentidos, quieren ríos o lagos, estanques o fuentes; o, en su defecto, calderos o palanganas. Por eso se empeñan en seguir mirando hacia abajo.

Ahora yo decidiré lo que hago al respecto. Si les pongo el caldero o no les hago ni caso.

También cabe la posibilidad de que les explique, pausada y cariñosamente, que en esta tierra gallega, por defecto, el agua siempre viene de arriba; que podrán contemplarse mil y una veces por minuto en cada gotita de lluvia...

¡Es que me han salido rebeldes!

7 de enero de 2010

Contradicción.


Estas han sido unas Navidades raras, ni pesadas ni demasiado alegres, ni tristes ni livianas, sólo raras... Quizás porque han sido las primeras que pasé sin mi hija desde que nació. O porque la familia está más diseminada en estos momentos y yo estoy menos alegre que otros años. O el compendio de todas esas circunstancias asociado a otras sensaciones no conscientes que entrañan desánimo. Pero seguimos aquí, vivos, enteros, más o menos saludables a pesar de los excesos; esos que se solucionan con una píldora estomacal o una infusión digestiva. No nos ha tocado la lotería, ni un reintegro; pero tenemos lo suficiente para afrontar los gastos del día a día compensando estos días de dispendio con platos sabrosos y poco costosos como las sopas y las lentejas o los huvos fritos con patatas.

Tras tanto ajetreo de regalos comprados con antelación y que ya no recordamos dónde los habíamos guardado, y otros muchos de ultimísima hora, del empaquetado primoroso, de las caras de alegría o sorpresa de los que los reciben, de la satisfacción sentida cuando se sabe que se ha acertado con lo que se ha escogido, de los nervios y los apuros de que la comida quede como habíamos previsto, queda una especie de regusto a vacío, a desplome... Ya está, no hay más.

Comienza un nuevo año. Y todos pedimos que sea más benévolo que el que se fue, que sea menos puñetero, que no sea tan rácano con los puestos de trabajo, con las oportunidades para una vida digna, con el sufrimiento físico, con las penas del alma, con las discusiones que han dañado el corazón, con los odios que provocaron peleas, con las guerras sinsentido por territorios, ideas religiosas o políticas que asolan tantos lugares del planeta y por un reparto menos disparatado de la riqueza que palie el hambre de tantos estómagos vacíos.

Pero casi siempre, tras estas fechas, tengo un regusto amargo en la boca. Es un regusto personal que obedece a mi contradicción (no la única que tengo, pero sí la más importante), la contradicción entre este "controlado derroche navideño" y lo que podría solucionar si lo destinase a organizaciones que dedican su esfuerzo a los más desfavorecidos. Y puede que sea una forma más de mi egoísmo, no renuncio al pequeño placer de regalar, de preparar una comida especial, de sentir la alegría de las sonrisas al abrir los regalos... ¿Soy inhumana y un poco monstruo? Claro que esto podría hacerse en cualquier otra época del año; en vez de ir de vacaciones, de viajar, de ir a un espectáculo caro, de comprarse un abrigo de capricho...

Y vivo en este país, en esta cultura, en esta sociedad. Y no comparto todo lo que la sociedad en la que estoy inmersa hace o dice, pero tampoco soy un bicho raro. Pero eso no me excusa. O aprendo a vivir con esta contradicción o tendré que tomar una decisión sobre qué hacer con el exceso navideño.

Disculpad la rayadura. ¡Benévolo año para todos!

22 de noviembre de 2009


Me dijeron que te habías perdido y no les creí.


Que tus huellas aún recientes seguían un camino largo, perdido en el horizonte. No les creí.


Que tu casa tenía la puerta cerrada, las persianas echadas y que tu perro se había cansado de ladrar. No les creí.


Me acerqué hasta allí. Vi tu casa cerrada y a tu perro abatido enroscado en el portal. No me lo podía creer.


Te busqué, por cercanías y alrededores, y aún más allá. No podía ser.


En el camino de tu búsqueda alguien comentó que te dirigías al Norte, buscando la estrella que habías extravíado hace ya mucho tiempo. Que la echabas mucho de menos, que te era necesaria, imprescindible para subsistir. Y yo me resistía a creer.


Y volví sobre mis pasos, retomé el mismo camino al revés; por ver si la visión inversa me ofrecía alguna explicación que calmase mi inquietud, alguna justificación en la que no hubiese pensado para entender tu inexplicable partida sin aviso ni despedida.


Y lloré. Por mí. Por ti. Por lo absurdo de la situación. Porque lo que no se entiende y se quiere produce dolor.


Y después me calmé. Porque sigo sin entender, pero ya no quiero hacerlo. Porque tus decisiones son tuyas, no mías. Ni yo ni nadie puede cambiarlas. Tampoco preguntaste nada, ni siquiera te interesó saber si tu decisión afectaba a alguien más.


Y tu Norte sigue en el horizonte, aún no has llegado a él. Y tu estrella extraviada está tan lejana que gastarás la vida tratando de encontrarla. Y mientras está ocurriendo, yo no quiero verlo.


Es muy simple, mudamos de querencias y quereres cuando una parte no lo desea.


Pero lo nuestro no fue nunca una vida común, ni única, ni bilateral siquiera. Nunca pretendió ser más que una buena amistad, sin exclusividades ni continua y constante compañía. Amistad en el mejor de los sentidos, con disfrute, cariño y comprensión. Lástima que tales prendas se te hiciesen tan pesadas de llevar.


Cuando te canses de caminar, házme un favor, busca a alguien con quien te guste estar. Tu soledad ya no puede más.

4 de noviembre de 2009

Gracias por existir.

A Eva.


Porque existes, mi vida tiene sentido. Porque tu risa llega a mis venas y acelera el pulso de mi sangre proporcionándome calor, ese calor que sólo el amor humano puede provocar. Y hoy, sentada aquí, ante el papel virtual, te pienso y te hablo en teclas, las pulso suavemente, como si te acariciase, para que sepas lo mucho que tu contacto, tu presencia, tu mirada, tu dedicación, tu agobio, tu ir y venir, tu nerviosismo, tu enorme cariño y toda tu persona significa para mí.



Porque te quiero profundamente, más que a mi vida, porque tengo mucho que agradecer a la vida por haberme dado el privilegio de ser tu madre.



Algún día descubrirás que tu pequeño caos cotidiano al querer hacer tantas cosas por abrirte camino, por tener una oportunidad de ganarte el sustento, se resuelve queriendo abarcar menos, haciéndolo con un poco más de tranquilidad. Y todo te resultará más llevadero. Pero te entiendo, aunque yo misma me agobie de verte agobiada, porque forma parte de tu ser esa inquietud por todo cuanto te rodea y el deseo de participar en aquellas cosas en las que tu colaboración sea un granito de arena más.

No olvides nunca que tienes todas las cualidades que cualquier persona puede tener. Y las que no tengas las puedes adquirir si así lo deseas. Que nadie es más que tú y nadie es menos que tú. Eso ya lo sabes y lo practicas, aunque algunos no quieran.

Tampoco olvides que siempre estaré a tu lado para apoyarte. No importa de qué asunto se trate.

Y si que si te equivocas en algo, no importa, siempre se puede rectificar si se hace con la honestidad y con la sinceridad adecuadas.



Yo me equivoqué muchas veces y nunca he oído un reproche tuyo, aunque estabas en todo tu derecho de haberlo hecho. Te pido disculpas si antes no te hice saber que ese gesto tuyo lo he valorado desde entonces y lo sigo haciendo.



Quiero que sepas lo importantísima que eres para mí, lo orgullosa que me siento de ti y cómo aprecio todas las cualidades que tienes, incluídas aquellas que aún no has dejado aflorar, pero que están en ti y sabrás sacar en el momento en que las precises. Que valoro en todo lo que vale cada momento que pasamos juntas, cuando te cuento y me cuentas, cuando te ríes y me río o cuando me preguntas mi opinión sobre algo que te preocupa.



Y cuando observo sin que te dés cuenta, la bien delineadas y bonitas líneas de tu cara, veo esos rasgos heredados que asocio con seres que me han transmitido sentimientos de honestidad, de bondad, de cariño y de paz; por eso me gusta tanto mirarte...



Recuerda siempre siempre, que has dado un sentido a mi vida, que has nacido del deseo de tenerte, que todas las noches de semivigilia de tus tres primeros años de vida y todos los pequeños escollos que hemos tenido que salvar juntas, han supuesto una nimiez comparado con todo lo que tú me has dado y todo lo que cada día me das.



No olvides dedicarte cada día una porción de tiempo para ti, tienes derecho a él y te beneficiará mucho más de lo que crees en este instante. Las reflexiones y las dudas se resuelven, mejor o peor, pero se resuelven, cuando no les damos prisas. Y para ello hay que tener tiempo nuestro, exclusivo.



¿Sabes? Eres un ser maravilloso. Eres un ser poético, has nacido con todas las características que empañan la poesía, la sensibilidad, la desbordante imaginación, la innata intuición, el amor por las cosas simples y pequeñas, la observación de los pequeños detalles, el amor, la pasión, la rabia ante la injusticia, la rebeldía y una tremenda alegría por la vida...



Por todo esto, mi niña-mujer, hoy quiero darte las gracias, por estar siempre ahí, haciéndome partícipe de tu vida, ayudándome cuando lo necesito, cuidando de mí, por dejarme disfrutar de tu frecuente presencia y por permitirme ser testigo de tu excelente crecimiento como persona.


Te mereces una buena vida y sé que tú sabes cómo tenerla porque has optado por desechar de tu vida lo accesorio y lo banal, y quedarte con la esencia de lo necesario y auténtico.



Que siempre te acompañe ese AMOR con mayúsculas a lo largo de tu vida.

El más tierno y profundo de mis abrazos para ti.






3 de noviembre de 2009

Aún, indicio de existencia.


Aún te recuerdo entre nieblas

en medio

de casi todo cuanto amabas

mirando

hacia arriba y aún más

donde no alcanzan los pájaros


Aún anidan en mí

tus palabras

y tus gestos y miradas


a veces parece que estés

aquí

a mi lado y ahora

aunque no te toque

aunque no me toques

ni me puedas besar


aún estás en mi memoria

hasta arriba

muy por encima del olvido

del tiempo y de la ausencia


permanecerás ahí

ahí

mientras yo tenga memoria

de mi vida en ti.

28 de septiembre de 2009

Si pudiera.

Si pudiera,
entraría en tu mente
no por simple curiosidad,
sólo para enterderte.

Si pudiera,
ahondaría en tu infancia
y hasta en tu adolescencia,
para indagar
qué mezquinos acontecimientos
provocaron ese terror infantil
que se agarrota en ti.

Si olvidara...,
si olvidara que soy humana,
estrujaría tu cerebro
para que soltase las palabras
y, ya sin ellas,
quedaran al desnudo las emociones,
ésasque te angustian y atenazan,
que te dominan y ordenan,
hasta convertirte
una y otra vez,
en la niña atemorizada,
la adolescente privada
que aún anida en ti.


Si pudiera...,
si pudiera desprenderme
de todas mis miserias,
te construiría una cabaña
donde pudieras soñar
que el ruido del bosque,
lejos de atemorizar
sólo te quiere arrullar
para que en su compañía
puedas ver vida y no soledad.

Mas sabes que no puedo,
aunque yo lo quisiera...

21 de septiembre de 2009




Porque te has diluido,
convertido en humo gris.
Ya ves, sin pretender volar...
¡tu ser ha devenido en gas!
¡Cuán efímero es el querer!,
pues al cambiar de estado,
olvidamos prontamente
en qué estado estábamos,
de qué mano nos agarrábamos
y hasta a quién pertenecía
nuestro amor profesado.
Fue bello, no obstante,
haberte contemplado
con blancura de nube,
aunque no fuese ésta tu identidad.

Fue hermoso creer, más de un instante,
que podría vivirte por siempre

como se viven las grandes hazañas,
las aventuras largamente anheladas.
Contar contigo fue un bello sueño
que yo disfracé de realidad.
(¡Ay, esta manía mía de no aterrizar!)
Ahora este sueño vaga sin dueño,
suspendido en el aire,
etéreo,
leve,
suave

ahumado...
sin saber muy bien a dónde irá.
¡Tampoco siento curiosidad!

4 de agosto de 2009

Contar las risas.



Podría contar, si tuviese la paciencia necesaria, las canas que pueblan mi cabeza.


Me llevaría mucho menos contar los años que hacen que se han instalado en ella.


Aseguran que los disgustos tienen relación directa con su aparición.


En mi caso, la más joven en tener canas de toda la familia, no sé si habrá sido por eso.


Sé que puedo contar muchos momentos de disgusto, muchos ratos de malestar. Muchos momentos de llanto doloroso.


Pero prefiero contar los muchísimos instantes de sonrisa, las risas espontáneas de cualquier ocurrencia pronunciada en mi presencia o imaginada por mi mente o, si me apuro, cualquier lectura errada que convierte un titular o texto cualquiera en una auténtica burrada.


Podría parecer que estoy loca, si alguien me viese por un agujerito, cuando la torpeza de mis ojos enfocan inadecuadamente y veo cosas que no son realidad para los demás, sólo para la imagen distorsionada que mi caprichoso nervio óptico se empeña en enviar al cerebro; como ni yo misma me lo creo, en cuanto percibo el error, me troncho de risa sola.


Y puedo contar también, muchos momentos de risas jóvenes a mi alrededor en las que he participado, por ser lo que son, expresiones de felicidad; momentánea sí, pero felicidad.


Y los juegos, los juegos de risas multiplicadas con mis hijos en su infancia, la risa que me producían sus gestos, sus muecas; las risas compartidas de sus razonamientos, de sus ocurrencias, de sus despistes y de los míos, de sus anécdotas y chistes.


Evoco las risas que ellos han compartido con mi padre, con su abuela paterna, con su tía abuela, con sus tíos, con sus primos pequeños y con los de su edad, con sus amigos y con los vecinos.


Más risas que enfados, más diversión que tristeza


Cuento mis arrugas. Tengo más alrededor de los ojos y en las comisuras de los labios. Justo en los lugares donde la risa nos hace contraer los músculos.


Si en algún momento las lágrimas dejaron surcos en mi rostro, ya se han borrado, la piel, sabiamente, se ha regenerado. Porque sabe lo que nos conviene, lo que es más saludable para nuestro organismo. No hay nada que cure más que la risa auténtica, la que sale de dentro sin planificarla, sin pensarla, sólo dejándola fluir.


Cuento, también, con muchísimos momentos de lo que yo llamo risa interior.
Me refiero a todas las situaciones en la que estando a solas, uno se encuentra a gusto consigo mismo, con lo que está haciendo, con lo que ve, con lo que escucha, con lo que siente... y entonces fluye la risa interior.


Y me encanta contar todas las situaciones en las que las payasadas y ocurrencias propias o ajenas compartidas con mis amistades, con mi familia, me producen ratos inolvidables de risas alegres.


Todos contamos con tiempos duros, durísimos. Con luchas internas, con preocupaciones gigantescas. Pero si usamos la balanza vital y ponemos en cada plato los llantos y las risas, seguramente, si somos honrados, veremos que se inclina más hacia las risas.
Aunque hayamos llorado más que reído.
Es sencillo. Nuestra memoria es prodigiosa, mágica, nos hace recordar lo que nos permite seguir viviendo: la risa como manifestación de bienestar, de alegría.


Y como sigo viva y quiero seguir estándolo, apuesto por la risa, sólo quiero llorar de la risa.


Llantos los justos, risas, todas cuantas seamos capaces de producir.

9 de junio de 2009

UNA NOCHE DISTINTA.


Posiblemente sabéis que corren malos tiempos para el amor, pues cuando la preocupación primordial se centra en la subsistencia pura y dura, en dilucidar qué ingredientes para la comida de hoy estarán tan asequibles que nos permitan comprarlos y que nos espera toda una semana de números y más números para cuadrar el balance del debe y el haber, en ver a qué le podemos quitar para poder en otro lado poner; está claro que no disponemos de tiempo para amar, ni a nosotros mismos ni a los demás. ¡Vamos,cómo para gaitas está el asunto!


Si no lo creéis, leed lo que sigue.


Una noche distinta.


Pareja en el dormitorio, ella haciendo anotaciones en una libreta con aire de honda preocupación. Él sale del baño muy ufano, con una revista de cochazos en la mano. La deja en la mesilla, se acuesta y se aproxima muy cariñoso a ella:


-"Retocemos un ratito está noche, cariñin".


- Sí, claro, cómo si no tuviera toda la mente con sus correspondientes conexiones nerviosas superocupada en cosas bastante más importantes. ¿Tienes alguna idea para poder pagar la maldita calefacción, que por cierto, de seguir así la tendremos que poner hasta en el verano, cuando nos falta más de la mitad del dinero del importe del recibo y de ahí tendremos además que comer...?


- Bueno, todo se arreglará, ya verás como todo se arregla tarde o temprano.


- Sí, sí, pues más vale que sea pronto, porque si se arregla tarde me llevará a mí con los pies por delante, porque ya se me agotaron todas las ideas y trucos hace tiempo.


- ¡Qué exageración! Disfrutas exagerándolo todo.


- ¡Faltaría más! Que los gastos fijos superen los ingresos es una exageración por mi parte. Que si esto sucediese sólo un mes, tendría un relativo arreglo, pero cuando llevamos un año arrastrando deudas del mes anterior al siguiente y así sucesivamente, ya me contarás dónde diablos está la exageración.


- Pues habrá alguna solución, digo yo. No sé..., por ejemplo pedir dinero a una financiera.


-¿Pero tienes idea de los intereses que cobran? ¿Cómo vamos a pagar la altísima mensualidad que adeudaremos a la financiera? Y estos no se andan con chiquitas, que te cobran o te cobran, te persiguen hasta en el infierno, vamos.


- Piensa entonces, algo habrá que podamos hacer.


- Sí, ya, ¿y por qué no piensas tú algo en vez de dejar que todas las soluciones las ponga yo? ¿Sabes que te digo? Que de seguir así ya te estás yendo al Carrefour a comprar pañuelitos de papel para vender en los semáforos.


- Desde luego estás de atar. ¿Cómo voy a ponerme a vender pañuelos de papel en los semáforos? Si además ya no los compra nadie. ¡Era lo que me faltaba!


- Pues ofrécete como acompañante amoroso, me da igual, pero haz algo que suponga traer dinero.


-Decididamente estás ida. No me puedo creer lo que estoy oyendo. No puedo creer que lo digas tú.


- ¿Ah no? ¿Y por qué no me creíste cuando te repetí mil y una veces que no podías ir a tomar el vermouth todos los días, ni quedar a tomar la cervecita con los compañeros del trabajo por las tardes y cuando trajiste el televisor de 42 pulgadas de pantalla plana y móviles para toda la familia, que si me descuido hasta se lo compras al perro?


- Pero si yo no hice más que lo que hacía todo el mundo, lo que constantemente repetían en los medios de c,omunicación, en los servicios técnicos cuando llevabas el televisor a reparar: "No le merece la pena arreglarlo, le va a salir más caro que comprar uno nuevo"...


- Ya, ya... Ya ves en qué dio la cosa. ¿Sabes que te digo? Que la que se va a poner en una esquina soy yo, con un cartel muy grande que diga: "Sin techo por marido incrédulo. Acepto trabajo doméstico a cambio de casa y comida, sin más responsabilidades".


- Pero...¿Cómo vas a hacer eso? ¿Quién va a hacer la comida y atender a los niños y hacer el resto de las cosas que tú haces?
- ¡Me largo!

- ¡Qué bromista eres! Ja jajaja.

- Ríete cuanto quieras, puede que sea la última vez que lo hagas en mucho tiempo. Yo ya he tomado mi decisión.

- Pero... ¿cuaaaaal?

- La de dejarte con todo el mundo publicitario que tanto reverenciaste, con los niños para que tengas en qué entretenerte mientras piensas cómo hacer para salir de este socavón y de paso haces la compra, friegas, pasas la aspiradora, cocinas, limpias el polvo, los cristales y todo lo demás.

- Me voy. Adiós.

(La mujer se levanta y se va. Él queda boquiabierto, tumbado, sin reaccionar.)


-

26 de mayo de 2009

Con otros ojos.


Sigo aprendiendo maneras de ver. Ver con otra edad, ver con otro ímpetu, ver con otra filosofía, ver sin claridad, escrutando en la semioscuridad lo que mis miopes ojos apenas si vislumbran, ver con otra idea, ver con otro sentimiento, incluso con otros intereses. No los perfecciono todos, claro está. Pero algunos ya me salen. ¡Qué curiosa es la forma de aprender! Y hay algo que me intriga enormemente: ¿todo esto que aprendo me servirá para no volver a ver como yo veo? Porque si como yo vi hasta ahora producía equivocaciones, errores, desencantos... ¿el ver con otros ojos me traerá aciertos, encantamientos?

¡Hum! Lo del encantamiento me seduce muchísimo. No sé vosotr@s, pero yo nunca estuve en un palacio encantado, por ejemplo, ni en un jardín encantado. Ya me gustaría, ya. Lo único que me viene a la mente relacionado con encantamiento proviene de los cuentos clásicos y la palabra "encantada" que pronunciamos cuando se nos presenta a alguien desconocido para nosotros. Es curioso que empleemos esta palabra en una presentación personal. ¿Cómo voy a estar "encantada" al presentarme a alguien que no conozco de nada? Estaría encantada si esa persona fuese alguien a quien yo admire muchísimo por el motivo que sea, es decir, de alguien de quien dispongo información anterior pormenorizada; pero ¿de alguien del que ni siquiera he oído hablar en mi vida? Las fórmulas sociales son muy curiosas, ¿no?

Pero siguiendo con lo que estaba, no sé a qué me conducirá el aprender a ver con otros ojos, si a cosechar éxitos o fracasos, dicho de manera coloquial; de momento no he conocido gente nueva lo suficiente como para obtener ningún tipo de resultado, pero al menos he practicado mi mente un poco más, me he esforzado (lo cual ya supone un tipo de ejercicio) y seguramente tropezaré de modo distinto al de otras ocasiones. ¿Quién me dice a mí que este modo distinto no pueda resultar más enriquecedor, o satisfactorio o incluso indoloro? Sí, porque el ver siempre de la misma forma produce dolor, y ese dolor es hacia uno mismo, y contra eso sí tenemos que hacer un esfuerzo para protegernos. Cualquier tipo de dolor es desaconsejable para la salud. Eso al menos debería de rezar en cualquier prospecto farmacéutico. Pero muchas veces nos provocamos el dolor con nuestra forma de ver las cosas. Y no sabemos cómo hacerlo de otro modo. Quizás no se nos ha ocurrido jugar a ser otros, como cuando éramos pequeños y jugábamos a ser indios o vaqueros, mamás o hijos, médicos o pacientes, o como cuando interpretamos un papel en el teatro o nos disfrazamos de otro en el carnaval. Quizás hemos perdido la ductibilidad que da el saber jugar, meterse en el papel, ser ese otro u otra distinto del que la sociedad, la familia y el entorno nos ha empujado a ser.

Sí, puede que se deba a eso.

¿Por qué no probar?


4 de octubre de 2008

Llenando oquedades.



Tiempos de silencio
paseos interiores,
flujos descendientes
surcando oquedades.
llenando recovecos
nunca antes inundados.
Estímulos débiles,
impulsos tenues,
circuitos neuronales
sin conexión
retomando tareas
nunca antes estimuladas.
Y un dejarse ir,
casi un abandonar,
por momentos,
el latido vital
que mueve el estar.
Mas seguimos sintiendo,
seguimos susurrando
en medio del silencio,
apresamos un pensamiento,
aprehendemos los sentimientos,
y volvemos,
paso a paso,
a recibir caricias de luz
que calientan la piel,
que templan la carne
y animan el corazón.
Y entonces nos decimos,
tras ese demorado letargo,
que seguimos el fluir,
que todo es posible,
incluido el revivir.














14 de julio de 2008

Escasea la humildad.





Siempre me han sorprendido las personas que miran por encima del hombro a los demás, esas que se creen muy importantes; y no porque lo sean realmente por haber realizado algo bondadoso para la humanidad, por salvaguardar la naturaleza o el mundo animal; no, simplemente se creen importantes sin más. Parece ser que estar en posesión de ciertos títulos académicos o ejercer determinados puestos de trabajo reconocidos socialmente, da derecho a creerse mejor y superior que los que se dedican a limpiar la basura de nuestros pueblos y ciudades o a los que nos atienden en el supermercado o nos despachan el billete de autobús o la entrada del cine.

Curiosamente, si indagamos en la vida personal de muchas de estas personas que se creen importantes, encontraremos que sus orígenes pertenecen a ese escalafón social que se denomina "familia humilde". Puede que todo se deba a un complejo de inferioridad que no se ha superado; a un, para mi entender, equivocado complejo de inferioridad, porque uno puede sentirse en inferioridad de medios económicos o de conocimientos o de tiempo libre o de tener una u otra profesión respecto de otros, pero nunca sentirse inferior como persona si nos acompaña en el mobiliario cerebral un buen porcentaje de bondad, otro tanto de honestidad y la necesaria humildad para no olvidar quiénes y qué somos, simplemente personas. Porque tener un cierto apellido, un montón de dinero, muchos contactos sociales en los que nos mueven intereses de influencia político-económica y poseer miles de cosas materiales no nos hacen ser superiores como personas. Simplemente podremos ser más o menos afortunados en tener ciertos privilegios sociales que otros no poseen. Y es esta lucha por los privilegios la que motiva que el ser humano se vuelva más egoísta y ambicioso, depredador de la Tierra y destructor de sus propios congéneres, a los que engulle cual amantis religiosa tras alcanzar el éxtasis de poder para ser él y su descendencia directa quienes detenten el poder que les hace ser "importantes".

Me espantan las alfombras rojas que marcan el recorrido desde la limusina del "importante" de turno y de cualquier profesión hasta el recinto en que se le espera con todos los honores. Bajo esas alfombras se ocultan la mayoría de las ignominias humanas, como cuando escondemos el polvo debajo de la alfombra de la sala en lugar de recogerlo y llevarlo a la basura.

Me producen alergia los lujos desmesurados, tales como una bañera o un coche de oro. No entiendo que nadie necesite eso para bañarse o desplazarse. ¿Qué mueve a alguien a querer eso? Simplemente provocar envidia en los demás, sentirse admirado por lo que puede hacer con su dinero.

Me causa admiración el que con su dinero genera puestos de trabajo para que los demás puedan vivir, tener una casa, comer, vestir; el que ayuda a que otros, de muy diversas maneras: servicios sociales, médicos, voluntariado de todo tipo, etc., puedan conseguir una calidad de vida digna, Pero, a los que malgastan la riqueza generada, (muchas veces a costa de la extrema pobreza de otros), en estos lujos incomprensibles..., no los entiendo.

Aunque hay muchos otros que no van en limusina, su poder no ha alcanzado aún esas cotas, ni poseen propiedades consideradas valiosas, ni un puestazo de millones al mes y se creen, por tener cuatro cosas, superiores a los demás.

Y, curiosamente, vuelvo al significado de "origen humilde" para enfrentarlo al significado de "humildad", porque para mí ser de origen humilde significa pertenecer a una familia con escasos recursos ecónomicos; es decir, aquellos que no poseen un colchón en el banco para la época de la vacas flacas, vivir como mucho mes a mes (estoy pensando que en la actualidad una inmensa mayoría estaríamos en este caso). Pero "La Humildad" es algo mucho más complejo, es algo que se mama desde el nacimiento y que nada tiene que ver con el sometimiento a las jerarquías o jefes, ni con ser conformista con todo lo que nos quieran mangonear o manipular; no, tener sentido de la humildad es saber reconocer las equivocaciones, aceptar otras formas de ser distintas a las propias, escuchar opiniones ajenas con respeto y atención porque son dadas por un igual, una persona con la que podré estar o no de acuerdo y con la que puedo discutir, debatir o rebatir, pero que es un igual independientemente de su procedencia, de su puesto de trabajo o de su apellido, y, por supuesto, es no avasallar a los demás.

A menudo me tropiezo con gente que mira por encima del hombro a los demás. A menudo me tropiezo con gente carente del sentido de HUMILDAD. Y me da mucha rabia y mucha pena. No lo puedo evitar.

Mis padres tenían muchos defectos como humanos que fueron, pero creo que sí me enseñaron, sobre todo mi madre, el sentido de la palabra humildad.










9 de mayo de 2008

Al final... gracias mil.



El alma deshilachada.

Jirones que penden de hilos.


Palabras que duelen.


Mis verdades pronunciadas.


Mil heridas reabiertas.


Momentos infelices.


Instantes durísimos.


Llantos acongojados.


Temblores del corazón.


Inquietud del pensamiento.


Mil y una ideas agolpadas.


La sensación de hacer lo correcto.


El miedo a equivocarse.


El temor a la soledad.


El camino a emprender, en soledad.


De nuevo empezar.


Doy prisa al tiempo.


Querría saltar por encima de mí.


Por encima de todo.


Querría no pensar.


Tal vez ni sentir.


¡Qué difícil se hace terminar! ¿Cómo no recordar los momentos plenos, las ternuras dejadas en la piel, las caricias que tus escasas palabras representaban para mis sentidos? ¿Cómo olvidar la serenidad de tu arena blanca cuando inquieta recalé en tu playa? ¿Y lo suave brisa que acarició mi rostro de nuevas ternuras y puso alas a mis deseos y alegría a mi sentir? ¿ Y la ilusión de un nuevo comenzar?


No voy a olvidar nada de todo esto. Lo viví plenamente, le puse todo el empeño y el corazón. No usé mi razón. No quise hacerle caso. No estuve ciega, simplemente aposté.


No me arrepiento. La ilusión deseada tiene un gran valor.


Voy a olvidar los momentos flojos, los que no me gustaban, los que me angustiaban o enfadaban. Ya no los recuerdo.


Es sólo que se acabó. El límite estaba aquí, justo aquí, en este preciso instante en que me dije "se acabó", así no puedo seguir.


Pero doy las gracias por lo recibido, por haberte tenido tan cerca, por habeme calado tan hondo, por haberte amado tanto, por haber visto sólo lo que deseé ver.


Gracias por todo. Te deseo lo mejor, lo mejor para ti.


Un gran beso de despedida... y un abrazo especial.









26 de abril de 2008

Tras el silencio.



Se me ha impuesto el silencio. Por más recursos que he urdido, por muchas teclas que he pulsado, por muchos momentos en que he pensado..., nada me ha servido. El silencio se hizo dueño de este blog en el que sólo soy un mísero títere sin ninguna autonomía al que maneja cómo y dónde le viene en gana.


No es cuestión de capricho, lo prometo; tampoco es cuestión de vagancia, lo aseguro; mucho menos de pereza, casi lo juro si no fuese que está feo. Es sólo que lo que me apetecía decir me atañía sólo a mí y no deja de ser una faena para los que leen. También es verdad que no estaba muy lúcida yo para andar buscando temas de interés más social o sobre los que se pudiese opinar con cierta facilidad.


En "redimidas" cuentas, que mi cabeza estaba agotada, mi cuerpo iba a la par y... este ha sido el resultado: DON SILENCIO HA DOMINADO.


Pero fue un silencio sólo exterior. Mi cabeza siguió dándole vueltas a las palabras, ellas que son mi inseparable compañía y ¡ay! del día en que me falten, ¿que será de mí?


No prometo nada, no sé si este pequeño paréntesis en el silencio no será el preámbulo de un abandono. Hace un tiempo que creo que no debo seguir teniendo un blog. Será que ya le llegó la hora de acabar, como a tantas cosas en la vida. Se han cerrado muchos de los que yo visitaba casi a diario. Me dio mucha pena, pero todo tiene un fin y hay que respetar las decisiones ajenas aunque nos parezca que es como si un amigo nos cerrase las puertas de su casa porque se ha mudado al otro extremo del mundo.


Estoy en época de finales, por lo que se ve. Así es que quizás a esto le haya llegado también su hora de finalizar.


Los más allegados deduciréis fácilmente el porqué digo esto. Al resto, quizá les deba una pequeña explicación. Digamos que mi salud requiere que replantee cómo va a ser mi vida, qué cosas puedo seguir haciendo y qué cosas no, que debo reeducarme, que si no quiero padecer debo aprender a hacer las cosas de manera muy diferente y prestarme atención. Pero me había embarcado en un sueño al que no le quise ver los inconvenientes y que requiere una salud fuerte, muchas ganas y un buen presupuesto; amén de ser un sueño compartido, que atañía a dos y ahora sólo me atañe a mí. Entenderéis ahora por qué digo que es época de finales. Se acabó mi fortaleza, mi sueño y mi relación. Época de finales y de reflexiones, de coger fuerza donde quedan pocas, época de volver a empezar, pero con premisas mal formuladas.


Total, un cierto regusto amargo es lo que tengo en estos momentos, pero no desfallezco. Intento alargar plazos para no tomar decisiones precipitadas. Intento coger fuerzas para no agotarme en el intento.


Sigo hablando conmigo misma, en silencio con vosotr@s; continúo pensándoos, sigo estando disponible, pero ralentizada, he reducido la marcha al menos un 50 por ciento. Me canso de pensar y me evado en nimiedades, en las cosas que seguramente los otros consideran tontas, estúpidas o absurdas, pero que yo intento disfrutar al máximo porque me gustan, porque me permiten descansar el pensamiento. Puedo pasarme minutos contemplando una diminuta flor que ha nacido silvestre en medio del trozo de hierba que tengo o mirando la forma que tienen las nubes, o siguiendo el recorrido de la fila de hormigas que invaden mi casa intentando averiguar dónde tendrán su colosal madriguera (¡a juzgar por la cantidad que hay deben haber cogido la madriguera de una familia de conejos en vez de tener hormiguero!), o simplemente contemplar cómo anochece, los cambios de luz que se producen, la sensación térmica que se va experimentando en esos momentos y que tanto me afecta últimamente. Es como si necesitase ir reconcilándome con todo lo que me rodea, como si hubiese estado enfadada con todo o demasiado ocupada y ahora dispusiese del tiempo para darle más valor del que ya tenían para mí. Quiero y necesito ver el lado amable de todo cuanto existe en mi entorno inmediato. Me siento más amable yo también porque no tengo el agobio de correr para todos lados.


Y... bueno, sigo el proceso. No sé cuánto me llevará. Quizás un poco más de lo que creí, pero sé que saldré más tranquila, con más alegría y, quiero creer que, también, con más comprensión.


Debo añadir, un GRACIAS ENORME a tod@s l@s que os habéis preocupado y ocupado de mí y que continuáis haciéndolo de una u otra manera, vuestro sentimiento de amistad es infinito y verdadero.